Introducción
El 60% de todos los casos de cáncer ocurre en pacientes mayores de 65 años y se espera un incremento del 70% de casos de cáncer en los próximos 30 años (1). El cáncer de mama es el más frecuente en la mujer, con más de 2.2 millones de casos nuevos en 2020 (2). En México, se estimó un 15.5% de mayores de 65 años en una revisión de más de 5,400 pacientes con cáncer de mama (3) y hacia 2021, se reportaron casi 8,000 muertes por esta enfermedad en nuestro país, equivalente al 8.8% de las muertes por cáncer, siendo la primera causa de mortalidad por cáncer en mujeres (4).
El tratamiento del cáncer de mama está determinado por la etapa clínica y el perfil molecular tumoral y puede incluir diversas modalidades como cirugía, radioterapia, quimioterapia, terapia antihormonal, terapia blanco molecular e inmunoterapia. A pesar del incremento en la incidencia de cáncer en la población geriátrica, existe escasa evidencia para guiar las decisiones terapéuticas oncológicas en este grupo etario, ya que de acuerdo con cifras del National Cancer Institute (NCI) Cooperative Group Clinical Trials de Estados Unidos, menos del 25% de los pacientes incluidos en ensayos clínicos tienen 65 a 74 años y sólo el 10% es mayor de 75 años (5). Esto se refleja en un sobretratamiento a pacientes menos aptas, y subtratamiento para aquéllas en buenas condiciones para llevar un manejo oncológico completo.
En el ámbito oncológico, suele considerarse la edad cronológica en la toma de decisiones, así como el estado funcional basado en el Karnofsky Performance Status o la escala de ECOG (Eastern Cooperative Oncology Group) sin tomar en cuenta su edad funcional, es decir, el contexto integral del paciente geriátrico que incluye comórbidos, síndromes geriátricos, deterioro cognitivo, deterioro funcional, depresión y entorno social (6). Por tanto, y asumiendo el impacto funcional que implica un tratamiento oncológico, se han elaborado herramientas que ayudan a estimar la expectativa de vida, la tolerancia y posibles complicaciones asociadas al tratamiento, considerando los factores psicosociales y médicos de cada paciente.
Valoración Geriátrica Integral
La valoración geriátrica integral (CGA, por sus siglas en inglés: Comprehensive Geriatric Assessment) es una evaluación funcional y fisiológica del paciente geriátrico, que ha demostrado un impacto pronóstico en supervivencia y riesgo de toxicidades (7,8) facilitando la toma de decisiones y recomendando intervenciones que ayuden a mejorar la tolerancia, el apego a tratamiento y la calidad de vida (9). La CGA detecta problemas médicos, psicosociales y funcionales no detectados en una consulta rutinaria. Los dominios que abarca incluyen: estado funcional, problemas psicológicos, polifarmacia, comórbidos, nutrición, apoyo social y déficit cognitivo, identificando áreas de vulnerabilidad asociados a peores desenlaces en pacientes con cáncer (10). Se ha demostrado que las intervenciones derivadas de la CGA tienen impacto en la reducción de mortalidad, mejoría del estado funcional y reducción de ingresos hospitalarios en pacientes con cáncer (11,12). La CGA detecta hasta un 70% de problemas no detectados en la práctica rutinaria que pueden mejorar con maniobras derivadas de la misma. Como resultado de lo anterior, se ha demostrado que una CGA puede cambiar la decisión terapéutica en oncología hasta en un 50% de los pacientes (13 – 16). Derivado de una CGA, se clasifica a los pacientes geriátricos en sanos, vulnerables y frágiles, de acuerdo a lo cual pueden considerarse aptos para manejo oncológico, pacientes en quienes hay que realizar intervenciones o ajustes de manejo, y aquellos no candidatos a tratamiento que se benefician únciamente de cuidados paliativos (17).
No obstante la utilidad de la CGA, esta no es realizada de forma rutinaria en la consulta oncológica general, debido al tiempo requerido y la necesidad de un médico geriatra (18). Por tanto, se han desarrollado diversas herramientas de uso sencillo y rápido, que ofrecen información general sobre el estado funcional del paciente geriátrico, con el fin de que cualquier médico no-geriatra pueda llevarla al cabo como tamizaje para aquellos pacientes que requieran una valoración geriátrica integral. (19,20).
Herramientas de Tamizaje Geriátrico
G8 es una herramienta de tamizaje geriátrico para detectar fragilidad con una sensibilidad de un 85% y especificidad del 64%, siendo la más sensible (21), Incluye los dominios: estado nutricional (ingesta, pérdida ponderal, índice de masa corporal), movilidad, estado psicológico, polifarmacia, autopercepción de estado de salud y edad; y estratifica a las pacientes de acuerdo a su puntaje en: >14, paciente sana, que no amerita ninguna intervención; y <14, paciente vulnerable/frágil que requiere una evaluación geriátrica integral. El cuestionario es práctico y toma menos de 3 minutos su elaboración. Se ha demostrado que los resultados anormales en las herramientas de tamizaje geriátrico se asocian a un impacto negativo en el estado funcional y menor supervivencia (22 – 27); de hecho, se estima que entre un 20 a un 50% de la población tamizada, tendrá un G8 con criterios de fragilidad.
Las Guías Norteamericanas de la Red Nacional Integral del Cáncer (NCCN: National Comprehensive Cancer Network), de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO: American Society of Clinical Oncology) y las de la Sociedad Internacional de Oncología Geriátrica (SIOG) y (28 – 30) recomiendan realizar una CGA en todas las pacientes >65 que recibirán quimioterapia e incluyen G8 como parte de las herramientas de tamizaje geriátrico como perdictor de mortalidad (31, 32). Recientemente, el Consenso Mexicano para el Diagnóstico y Tratamiento del Cáncer Mamario ha agregado la realización del cuestionario G8 como parte de la evaluación de las pacientes geriátricas con cáncer de mama (33). Por tanto, debemos considerar herramientas que faciliten a médicos no geriatras a diferenciar pacientes que no son candidatos a manejos oncológicos de quienes pudieran obtener beneficio del tratamiento sin importar su edad cronológica (34 – 36).
Conclusión
El tamizaje geriátrico debe ser realizado por todo oncólogo en contacto con pacientes ancianos de manera rutinaria, con el fin de identificar problemas no observados en la práctica diaria.
Bibliografía